domingo, 5 de julio de 2009

Quietud



La residencial está vacía desde hoy. Muchos de los estudiantes que aquí viven, la mayoría brasileños, retornó a casa a raíz de la suspención de clases.
Es una extraña quietud esto del silencio. Cuando están todos circulando por los pasillos, jugando en la mesa de pool cercana a mi dormitorio, repletando la cocina con olor a carne, porotos negros y arroz, el silencio se vuelve una necesidad. Y ahora parece ser más bien un vacío profundo.
Los espacios se hacen anchos y el tiempo más largo.
Así es la ausencia de palabras y quizás por ello lo inexplicable siempre resulta en mutismo. El lenguaje se hace pequeño, insuficiente para transmitir lo más íntimo que es también lo más real.
Hace un rato siento que estoy teniendo un cambio de piel, cual serpiente. Una experiencia espiritual, si se quiere, que me lleva a retrotraerme no sólo de las personas, también de mis ideas. Estoy cansada de pensar y mientras más siento, menos opera mi cabeza.
Me rendí hace un tiempo ante la vida. Ella es mucho más sabia y sabe perfectamente dónde llevarme. Lo bello es que en el silencio, superada la sensación de vacío o soledad, su voz adquiere fuerza. No puedo evitar escucharla, seguirla y ejercer en ella mi destino.
A casi tres meses de haber emigrado de Santiago hago el primer balance de esta aventura. Cada hecho, cada obstáculo, cada pequeña meta lograda es el fiel reflejo de una imagen dibujada en mi corazón desde que tengo memoria.

jueves, 2 de julio de 2009

Miedo

Mi última tarea para composición fue realizar una canción bailable. Recuerdo que Silvio tiene un par de salsas de la época antigua, cuando todavía se hablaba de trova cubana y no de la "nueva" trova. Las letras no las recuerdo tanto y, en honor a la verdad, como salsa bailable resultan una fomedad.
Sin pretender acercarme a Rodríguez, esta vez también jugué a hacer una especie de son son chilenizado con influencia porteña. Es decir, una extravagancia ni muy bailable ni muy divertida (según yo) que creí terminaría por colmar la santa paciencia de Edgardo. Pero me equivoqué. Resultó ser para él mi trabajo más completo y acabado.
Lo interesante fue engachar en la melodía la letra que no habla de otra cosa que la peste del miedo, esparcida ya por toda la provincia de Buenos Aires, por todo el país, por todo el mundo.
El miedo y el control de él son una estupenda herramienta para facilitar algo tan anacrónico como un golpe de Estado en Honduras (hecho que me ha conmovido profundamente). O para permitir a los medios de comunicación, farmacéuticas (¡Roche por cierto!) y los fabricantes de las mascarillas anti contagio y productos asociados, generar más dividendos a través del alarmismo público. Desde el lunes, en Argentina no se habla otra cosa que de los 43 muertos por la gripe A1 y la emergencia sanitaria interpuesta. Vacaciones de invierno adelantadas para colegios, suspensión de clases en las Universidades (yo misma estaré sin Flacso quizás por cuanto tiempo), personas que te miran con cara de terror si toses en el subte, la farmacia o en la calle incluso. Recomendación de no frecuentar espacios públicos, cines, teatros. Reclusión de la población en las casas.
Y yo me pregunto ¿por qué la gente renuncia tan facilmente, sin cuestionamiento, a esta reducción de la libertad individual? Cómo se puede llegar a manipular y generar tanta alarma que las personas realmente creen que una gripe- de acuerdo: fuerte, con bichos difícil de controlar que mutan más rápido, que te bota de frentón a la cama por unos días, etc-, ¡pero que es una gripe al fin y al cabo!, tiene el poder de encerrarte entre tus cuatro paredes e inmovilizarte a riesgo de muerte.
Finalmente toda esta paranoia nos hace atentar contra nosotros mismos. Nos hace renunciar a nuestro derecho de circular libremente por las calles, de tener sano esparcimiento, de vivir sin la carga del miedo.
Claro, políticamente es muy útil toda esta campaña. Ya nadie habla de las elecciones del domingo 28 que resultaron ser muy contraproducentes para el Gobierno. Curiosamente, al día siguiente, el lunes 29 renuncia la Ministra de Salud y la Presidenta con una eficiencia asombrosa (yo estaba realmente impresionada) nombró al nuevo jefe de gabinete en un lapso de una hora. En la tarde, del mismo día, se establece una emergencia sanitaria, que era EMERGENCIA, tan urgencia que las actividades académicas no se suspenderían de inmediato sino una semana después.
El país enloqueció y yo, que me niego a sumirme en onda del terror (que se agarra de cualquier tema: seguridad ciudadana, porcinos, atentados terroristas imaginados y tantos otros), decido mantenerme fuera de esto.
Mi instructor de Yoga se preguntaba cómo es posible que la ciencia sea capaz de clonar seres vivos y no de detener una gripe. Yo le decía que es porque eventos como la clonación son sólo una ilusión, una mentira que inventa el intelecto para hacernos creer que podemos controlar la naturaleza. Pero frente a los estragos de un microbio, bien podemos darnos cuenta que no sólo somos incapaces de emular su poder, sino que ni siquiera podemos manejarla.
Y así, mis actividades que están encasilladas en el sistema se detienen porque, precisamente, por ser tan formales no pueden revelarse contra esta imposición.
Por suerte mi energía está puesta en la música, la danza, el yoga, pasiones que nos muestran otra perspectiva, que siguen adelante pese a la paranoia para así, finalmente, ganarle a la cultura del miedo.
(Punto a parte, por cierto, es mi motivación de la semana. Prepapar la primera tocata en Baires, programada para el próximo jueves).